Irene es una de las queridas mamás que nos acompañan desde hace ya unos años. Ella y su esposo son padres absolutamente comprometidos con el tratamiento de su hijo., Y son de esas familias que están siempre al pie del cañon, para su hijo y para los que los necesiten.
A ella le preocupa sobremanera cuando nota que algunos pacientitos comienzan a faltar casi en forma rutinaria y quiso hacernos llegar esta reflexión
Como bien dice ,hay momentos y circunstancias que justifican las ausencias. Pero tambien hay momentos en los que uno ,como terapeuta no entiende de donde sacan algunos padres el valor y la perseverancia para continuar adelante y cumplir con el tratamiento.
Son padres de Acero, seres increibles , a los que respetamos y admiramos
Irene cuenta aquí que en Enero del 2009 los chocaron de frente, en la ruta 2 y llegaron a Capital Federal con un hijo semiinconsciente, sin saber si viviria y en que condiciones lo haria.
Lujan y Rodolfo, pasaron mas de un año, con su hijo menor internado, peleandole a la muerte (atravesó mas de un paro cardiorespiratorio) y continuan el tratamiento de Joaquin.
Soraya, debio soportar una prolongada internación de su esposo tras un accidente laboral trágico: se incendió un brazo completo y salvó su vida de milagro. Durante todo ese tiempo Camila continuó concurriendo a las terapias.
Alejandra puede dar cátedra de los inconvenientes personales y familiares que ha pasado y Gaby fue durante mucho tiempo nuestro abanderado en asistencia
Y hay otros, pero la lista se hace larga...
Todas estas familias podrían escribir libros, guiones de películas, etc.
Todos estos niños son hoy el mejor premio para un terapeuta, porque todos muestran logros, aun mas allá de lo esperable para la patología de base y si, hay algo que no se puede negar, han llegado hasta ahí por la perseverancia de sus familias.
Por eso publicamos la reflexión de Irene, creemos que puede ayudar
“Realmente después de observar todos los chicos que vienen faltando por verano, invierno, primavera y otoño me quedé pensando porqué los padres no tienen continuidad con los tratamientos, ya que salvo algunas excepciones que sí son de fuerza mayor, en mi visión personal me cuesta entender esta situación
Hay familias que anteponen los problemas personales , familiares y hasta nacionales a la concurrencia al tratamiento, y pienso que es al reves ,que ellos y su desarrollo son la prioridad.
El hecho que nuestros chicos tengan alguna discapacidad nos hace redoblar los esfuerzos para mejorar su calidad de vida, dejando de lado nuestros propios dolores, porque si ustedes tienen dolor nunca se preguntaron lo horrible que es etiquetado por un certificado de discapacidad, yo no sé ustedes pero el día que me dieron el certificado de Luciano juré luchar para vencerlo y en eso tenemos que estar todos unidos y dejarnos de ser egoístas, no hay que anteponer dolencias y problemas personales, hay que seguir adelante.
No es la idea ponerse como ejemplo, ya que no me considero ejemplo de nada ni nadie, pero cuento mi experiencia personal:Sorpresivamente apareció el T.G.D. en la vida de Luciano y como papás nos obligó a dar una lucha de aquéllas.
En lo personal tuve tratamiento psicológico debido a una fuerte depresión, cómo mi hijo no iba a ser “normal”, qué horror!!!!!.
Todo cambió el 1.1.09 cuando chocamos de frente en la Ruta 2,
ahí ya no me interesaba si mi hijo hablaba, me interesaba que viviera,
claro está en perfecto estado porque tenía cinturón de seguridad, al
igual que sus padres. No quedaron secuelas, salvo una pequeña cicatriz por arriba de su ceja, pero saben fue el mejor año de su vida y podríamos haber dicho “ah, no chocamos, nos tomamos unos meses para meditar
Tenemos que unirnos y ayudarnos para superar todas las pruebas y obstáculos que existen en nuestro camino, si quieren un oído yo ofrezco el mío.
Esto no es una dieta ó el gimnasio, es algo más profundo: el futuro de nuestros
chicos, pero más aún el presente, tratemos de recapacitar y darles lo mejor par que dentro de las posibilidades de cada nene logren su plenitud pero también
la logremos como papás por haberles permitido ese logro, ellos nos van a recompensar con su sonrisa, sonidos y hasta palabras, el hecho de que sean
nuestros hijos es la máxima bendición”.
Enero 2010
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